8.5.11

Marsé

Hay quien opina que la mejor literatura en castellano del siglo XX no se encuentra en España, sino en Hispanoamérica. No les falta parte de razón. La sombra de Borges, Cortázar o Vargas Llosa es, como suele decirse, demasiado alargada. Sin embargo, qué duda cabe, hay un buen puñado de escritores españoles que están o han sabido estar a la altura. Pienso, ahora, en Juan Marsé, quizás el autor más interesante de ese siglo ya concluido. Acabo de leer su Caligrafía de los sueños, su última novela. Sin ser la mejor, es, sin duda, una de las piezas mejor escritas por el autor de Últimas tardes con Teresa. Me fascina su dominio del lenguaje, su manera de combinar fondo y forma. Su habilidad para contar y, a la vez, mejorar la lengua en la que escribe. Sus diálogos y los recursos literarios que convoca para que el lector esté ahí, dentro de lo que narra. Leer a Marsé no sólo supone acercarse a la mejor novelística del siglo XX. Es, más bien, un homenaje a la propia literatura.
Como explicaba ayer sábado Rafael Reig, en su artículo del ABC cultural, "cuando cierras un libro, vienes de muy lejos. Has sido otro. Ya no puedes ver con los mismos ojos tu casa, tu colegio, a tu familia ni a esa persona que tú creías ser. Nada es para ti igual a como era cuando te fuiste". Esa es, básicamente, las sensaciones que uno experimenta al leer a Marsé. Lo conocido se vuelve extraño, se amplia, se enriquece, se universaliza. Eso creí al remontar Torrent de les Flors, una calle cercana a mi casa que, desde ayer, ya forma parte de un escenario distinto. Vivo en el barrio de Gracia por partida doble.

2 comentarios:

Blogger * ha dicho...

Qué bonitas las palabras de Reig. Me recuerdan a otras tuyas. A veces pienso que siempre estamos volviendo.

Un abrazo.

11:06 a. m.  
Blogger Álex Chico ha dicho...

Gracias, guapa. Siempre volvemos, es verdad. Será para bien.

9:04 a. m.  

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