17.9.08

Julio Ramón Ribeyro dixit

Entrar a una librería es pavoroso y paralizante para cualquier escritor, es como la antesala del olvido: en sus nichos de madera, ya los libros se aprestan a dormir su sueño definitivo, muchas veces antes de haber vivido.

3 comentarios:

Blogger RAIKO ha dicho...

Gran verdad... y a mí con mis aires neorrománticos-sádicos-morbosos me encanta pasear por los cementerios. Un abrazo.

7:35 p. m.  
Blogger Álex Chico ha dicho...

Pues disfrutarías si estuvieras en Buenos Aires, si es que no has estado ya. "cementerios" vivos en la calle Corrientes, en la avenida de Santa Fe, en San Telmo o en Florida. Y luego, claro, los clásicos de Recoleta o Chacarita, pero estos no sólo albergan libros.

9:02 a. m.  
Blogger Carme Muñoz ha dicho...

A veces el terror es tal que uno deja de escribir y se lanza a otras aventuras estéticas. Y más que el sueño del polvo, horroriza la pérdida de identidad entre tanto desconocimiento, que no olvido.

10:42 p. m.  

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