26.3.07

Everyman

Elegia, de Philip Roth, no es un libro sobre la muerte. Apostaría que si así hubiera sido, su personaje principal (su nombre no importa) habría salido mejor parado. No olvidemos que la crítica le ha reprochado a su autor su actitud inmisericorde con el protagonista. Yo no diría tanto, porque el personaje no existe, es alguien invisible. De hecho, pocas veces he leído una novela en donde el supuesto personaje principal sea una presencia de tan poca importancia. Y, sin embargo, es un elemento imprescindible de la cadena, alojado en la incómoda posición de ser alguien que no importa y, no obstante, se considera necesario (tenemos ejemplos: K, en Kafka, o Mark-Alem, en Kadaré). Él nos conduce a la verdadera intención de la novela, diciéndonos que nada de lo narrado tiene que ver con la mortalidad, sino con el miedo a desaparecer. No importa la huida, sino la conciencia de la huida, el sabernos finitos, amurallados. Lo que importa no es la muerte, sino el miedo a perder la vida. ¿Y qué hay más vital que reconocer los ritmos de su ciclo? Es entonces cuando descubrimos (también el autor) que el papel mojado no perdura, porque su rigidez nos hace conscientes de la existencia de una última página.

2 comentarios:

Blogger Mad y Fou ha dicho...

Desde luego que la muerte no importa, lo que importa es el proceso de morir. La muerte no tiene ningún valor como tal. Yo me quedo con una frase de Roth: La vejez no es una guerra, es una masacre"

10:21 a. m.  
Blogger Álex Chico ha dicho...

Recuerdo perfectamente la frase, que he comentado, no sin cierta ironía, con amigos, también lectores de Roth (de entre los cuales hay una mayoría que me habla de mejores libros del autor). Me cuentan que esa es la única vez en toda la novela en donde aparece algo de humor, tan típico en Roth y tan aséptico en Elegía.

11:44 a. m.  

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