4.10.06

El lenguaje perverso

Con hablar no basta. Hace falta, también, leer entre líneas, el espacio en blanco que queda entre frase y frase y que, a veces, nos cuenta más cosas que la propia historia. Y si uno lee el interlineado, descubrirá esos extraños vicios del lenguaje. La tautología, por ejemplo. Recuerdo dos topográficas. Vall d´Aran o "valle del valle" es uno de ellos. O plaza Bibrambla (bib es un prefijo árabe que significa plaza, y que los granadinos resuelven fonéticamente añadiendo una "a" tan castiza como acertada). No sólo topográfica, también política. En los EEUU. Explíquenme por qué un partido se hace llamar republicano, si ya viven en una república, y el otro se denomina demócrata, si viven en un sistema democrático. Pero no sólo de tautologías vive el hombre. También de paradojas. De paradojas perversas. Vean, si no, qué significa ser popular en este país. O peor: ¿a quién defiende el defensor del pueblo? ¿A qué pueblo?, ¿al suyo?, ¿o sólo al pueblo popular? (Advertencia: el último interrogante no debe leerse como una tautología ni como un epíteto, sino como un ejemplo de la triste y desafortunada perversidad de nuestra lengua).

4 comentarios:

Blogger Lu ha dicho...

Ejemplos como estos demuestran la ineficacia de los libros de texto para mostrar las trampas del lenguaje.
Voy a hacer un copy&past para mis alumnos de bachillerato, para que piensen y debatan acerca de tautologías lingüísticas y la carga connotativa de las palabras en contextos lingüísticos y sociales.
Buen tema. Gracias

8:26 p. m.  
Blogger Álex Chico ha dicho...

Y tanto, imagina lo que daría de sí. Ya contarás los progresos. Saludos y buena suerte.

10:12 a. m.  
Blogger David Vegue ha dicho...

Caro Álex, el lenguaje (también el silencio) es maravilloso, para bien y para mal. A tus ejemplos que recuerdan el para mal (aunque tu mismo texto ya sería un ejemplo del para bien) me gustaría sumar otro ejemplo, intimista, de ese para bien: es el título de una novela que me leyeron y digo así, me leyeron, hace ya va para unos seis años, que se llamaba "Punar, punar", "otra vez, otra vez", otraveceando. Lo comento en escritura alta sólo por darme el gustazo de volver a decir lo que algo me llegó a gustar, y no me cansaré de repetirlo una y otra vez; qué le voy a hacer, hay repeticiones, tautologías, que son maravillosas.

9:44 a. m.  
Blogger Álex Chico ha dicho...

Gracias, amigo, por traerme de vuelta aquella noche de lectura. Fíjate que te compadecía, yo desde el ordenador, y tú soportando con estoicismo el tiempo que duró la narración. Con evocaciones como ésta, uno se reconcilia con el lenguaje. Hay tautologías gustosas, y la voz en sánscrito "punar" (tan mía como tuya) es un buen ejemplo. Porque no hay costumbre más sana que repetir lo repetido, y no obstante saberlo nuevo. Gracias por acordarte de esto. Uno no escapa de ciertas noches. Para bien, claro.

12:01 p. m.  

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