19.1.06

Obrigado

Al menos, uno ya sabe que esto del blog (o de la blog, que todavía no lo tengo muy claro) no ha sido un desacierto, porque desde el primer momento he conseguido divisar a los primeros navegantes (no me refiero a los de la red, sino a los que vienen a la isla en balsa). El primero, un axolotl, del que, de momento, previo permiso, no diré su nombre. Sólo que sabía que iba a ser el primero en lanzarse en barca, porque ni él ni yo podremos conformarnos con sólo un par de años en Granada. Y que Cortázar, de paso, nos pille confesados. Después, los comentarios de José Manuel Díez y Machón Pascual que hacen de esta isla un lugar mucho más habitable. Por último, Álvaro Valverde, a quien llamaré el grato culpable de buena parte de mi relación con la literatura. Suelo ir a sus libros con bastante frecuencia, y desde hace unos meses también a su blog. Él trabajaba con mi padre, también profesor de primaria, en Jerte. Creo que lo primero que leí suyo era un librito llamado Territorio seguido de otro más extenso titulado Las aguas detenidas, que recuerda al verso de otro poeta de referencia, Joan Vinyoli. Imagino, claro está, que por la edad, no entendí mucho de qué trataba. De hecho, creo que por aquel entonces yo sólo llegaba a Gloria Fuertes, que me enseñó a multiplicar de forma mucho más eficaz que todas las clases recibidas hasta el momento (luego entendí que me educó en algo más que en matemáticas). Sin embargo, la verdad es que, a pesar de no poder captarlo todo en su globalidad, me hizo aventurarme a ver qué pasaba si yo hacía lo mismo que él: escribir un poema. Desgraciadamente no guardo aquellas hojas (digo desgraciada y no afortunadamente, porque cualquier recuerdo, intuyo, merece un espacio físico en mi vida). Luego vinieron los premios Ciudad de Córdoba y el emblemático Loewe, y la llamada de Octavio Paz, que yo viví con admiración sin saber muy bien quién era aquel Paz del que hablaban mis padres.
Ahora me resulta curioso comprobar que todo parece girar con una simetría perfecta. A los veinte, comencé a escribir mi primer poema serio, después de hacer un trabajo sobre Valverde para el profesor Sánchez Zamarreño. Y digo serio, porque sabía que aquello de escribir no era ya una cuestión pasajera. Desde entonces, no he dejado de acudir a él a la hora plantarme frente a una página vacía que espera un nuevo poema, o para comprender mejor una realidad que a mí me atañe de lleno, Plasencia. Por eso, recibo con gusto la entrada en su blog (http://mayora.blogspot.com). Además, aventura una solapada referencia a Francisco Brines. Puede que tenga razón. Con Brines mantengo una relación intermitente. Sobre todo como lector. Vuelvo a sus primeros libros de cuando en cuando (quizás no tanto a los últimos), sobre todo a Las brasas. De hecho, gracias a Valverde, recuerdo que uno de sus poemas de Palabras a la oscuridad lleva el nombre de esta isla. No había caído en ello, pero me temo que es demasiado tarde para intentar una justificación a la desesperada. Primero porque ni yo mismo me la creería. Aunque no haya pensado en el poema para titular así esta página, la verdad es que, a veces, el hombre sí puede vivir sólo de recuerdos.
En definitiva, creo que esta isla empieza a navegar por sí sola. El comentario de axolotl puede comenzar, también, a definirla.

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