21.9.12

Lugares



Siempre que viajo llevo conmigo un cuaderno. Empecé tomando notas en un par de hojas sueltas, durante un viaje a París, hace casi quince años, y ahora esos diarios de viaje, con libretas de todo tipo, ocupan una balda de unos treinta centímetros. Son quince cuadernos en total. Cada entrada va encabezada por unas anotaciones, digamos, logísticas, a saber: hora, día de la semana y fecha, lugar concreto (una calle, un café, una estación, etc.), la ciudad o el pueblo desde donde escribo y el país al que pertenece.  Apenas ha cambiado desde el inicio. No obstante, y de ahí lo de apenas, cada vez soy más reticente a anotar también el país. O la nación o el estado. Me di cuenta hace poco. Revisando las últimas entradas descubro que me basta sólo con identificar el lugar. No necesito añadir más: ni Francia, ni Polonia, ni Alemania, ni Argentina, por ejemplo. Sólo ese lugar concreto en el que me encuentro. Juzgo ese hecho como algo más significativo de lo que parece. Puede que adscribir un territorio a un país me sobre. Puede que ya no aporte nada, ni a los diarios ni a mi conocimiento del lugar. Es más, incluso me genera un cierto hastío. El nombre de una calle o de una estación de tren tienen, para mí, un poder de evocación mayor que el nombre de cualquier país o nación. Mi memoria funciona mejor si evoco emplazamientos minúsculos, insignificantes. Lugares concretos que son capaces de perdurar en el tiempo. Esos lugares que no necesitan días nacionales para ser celebrados. Lugares que no se detienen, afortunadamente, un once de septiembre o un doce de octubre, por anotar dos fechas tomadas (casi) al azar.

8 comentarios:

Blogger Rufino Mesa Vázquez ha dicho...

Casi siempre se niega lo esencial y se vive lo accesorio.
La patria, la nación, las identidades, forman sentimientos que han entrado al pensamiento mezclados, unidos en torbellino con el café con leche…

12:54 p. m.  
Blogger Álex Chico ha dicho...

El problema, Rufino, es qué entendemos por lo esencial. No tengo una idea muy clara de lo que significa. Eso sí, confío en que no tiene nada que ver con esa mezcla unida en torbellino.

Abrazos, amigo.

4:47 p. m.  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Los poetas conocéis la forma de romper fronteras como se rasga el papel. Más llamativo es todavía en una obra como la tuya, plagada de fronteras invisibles, nombradas, inombradas, pero con algo siempre en común, ubicuas, y por eso, inexistentes, o tal vez lo contrario.

6:06 p. m.  
Blogger Álex Chico ha dicho...

Gracias anónimas por ese comentario. Los lugares fronterizos, a veces, carecen de fronteras.

8:53 p. m.  
Anonymous E. Cubero ha dicho...

Las fronteras, los márgenes, los territorios y las disidencias, son siempre de interior: Somos erráticos, ex-céntricos...
Acertó Platón al mandarnos a extramuros.
Abrazos, queridos, Rufino, Álex.
E.Cubero

8:50 a. m.  
Blogger Álex Chico ha dicho...

Seguramente acertara, sí. Como diría Valente, lo universal es lo particular sin fronteras.

Abrazos para ti también, Efi.

11:10 a. m.  
Blogger Ernesto Frattarola ha dicho...

La patria son los padres, creo yo, en los dos sentidos que se me ocurre darle a esa frase. Un abrazo

12:06 a. m.  
Blogger Álex Chico ha dicho...

Me parece, Ernesto, que esto de las patrias es más bien un cuento chino.

Abrazos.

12:43 p. m.  

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