25.5.08

Lecturas de infancia

Hablo de la escritura como una consecuencia radical de la lectura, y me doy cuenta de que nunca fui un gran lector en mi infancia. No leí lo que se debía leer en aquella edad. Envidio (es un decir) a todos aquellos compañeros que devoraban cómics o se pasaban horas siguiendo la saga de algún personaje de ficción. Reconozco que me daba una pereza enorme. Leí, eso sí, algunos títulos de Barco de Vapor que aún recuerdo con mucho agrado. O aquellos en donde tú elegías tu propia aventura. No muchos. Pocos.
Creo que fue Truman Capote quien dijo que había que leer ese tipo de literaura durante los años de infancia y adolescencia, y que luego ya tendríamos la vida entera para abordar la gran literatura. No sé si hice lo segundo. Lo que sí tengo claro, a mi pesar, es de que no hice lo primero. Y es una pena, porque me temo que me he perdido muchas aventuras y que de eso me hubiera quedado hoy un manejo mayor para narrar desde la imaginación.
Espero que nunca sea demasiado tarde.

13 comentarios:

Blogger Jesús ha dicho...

De entre los de El barco recuerdo con nitidez "El pirata garrapata", "Aniceto el Vencecanguelos". De los de Elige, los leí casi todos, pero no recuerdo casi ninguno. Sí que me encantaban. Había rojos y los blancos, que se viajaba en el tiempo. Los negros de dragones y mazmorras. El primer libro que yo leí fue La historia interminable de Ende, después Momo y Jim Botón y Lucas el maquinista. POr compartir contigo intimidades de un amigo, Ende fue un autor fundamental en mis ganas de empezar a leer. Desde ahí me pasé a Julio Verne, Salgari, Dumas, Stevenson... En mi casa hubo siempre libros, y mis tardes y noches de infancia, los días que estaba enfermo y no iba a clase, los recuerdo acostado en la cama o en el Sofá leyendo. Por eso me gustó siempre releer la Historia Interminable.

Un saludo y un abrazo,

9:16 p. m.  
Blogger Cateusk ha dicho...

Qué tiempos aquellos...

Sin estos autores, entre otros, de los que habla Jesús, quizá nunca hubiese continuado con la lectura. Ellos fueron los grandes y verdaderos maestros porque a ver quien seguiría leyendo si hubiese empezado por un "Ulises" de Joyce o por un "Poema de Mío Cid".

¿No será que ellos son la gran literatura y el resto sus continuadores? Provad en leer ahora a Julio Verne, Dumas, Salgari, Walter Scott... Siguen ahí igual que siempre.

9:13 a. m.  
Blogger Esther ha dicho...

No creas que eres el único. Cuado somos niños, jugamos, y eso es muy importante, tanto o más que leer. Afortunadamente volvemos a nuestra infancia en la vejez, asi que, tranquilo, devorarás las historias del viejo lobo de mar y de Perro Negro en la posada del Almirante Benbow, las aventuras de Huckleberry Finn y de Tom Sawyer cuando tengas el pelo blanco.

12:43 p. m.  
Blogger Esther ha dicho...

Por cierto, mi primer libro de Barco de Vapor, colección blanca fue Miguel y el dragón.

12:44 p. m.  
Blogger Álex Chico ha dicho...

Me refería a lo que ha hecho Jesús. Hablo con pesar cuando digo que esos autores no habitaron en mí. He de decir, también, que Stevenson llegó tarde pero lo hizo para quedarse. Pero poco más. Hablo con admiración y nostalgia, las dos cosas.
Y mi comienzo no fue, March, menos esperpéntico que el que propones. La primera lectura que recuerdo fue La infancia de un jefe, de Sartre. Ríete, ríete.
Gracias, Esther. Son palabras de aliento, en definitiva. La de Barco de Vapor que recuerdo haber leído hasta la mitad y un poco más, que para mí era lo máximo, fue Patatita e Historias de Ninguno. Espero no esperar hasta tan tarde para continuarlas.

3:11 p. m.  
Blogger Cateusk ha dicho...

Pues empezar con un libro de Sartre tiene que marcar para toda la vida, jajaja

Me extraña que siguieses leyendo después de un ladrillo así... Eso sí, la continuación te parecería maravillosa, no?

Fragmento del libro del que habla Álex:

"Lucien no pudo decidirse a tomar la iniciativa de volver a casa de Bergère. Durante las semanas que siguieron, creyó a cada paso que iba a toparse con él, y cuando trabajaba en su habitación se sobresaltaba cada vez que sonaba el timbre de la puerta. Por las noches, tenía espantosas pesadillas. Por ejemplo, Bergère le poseía por la fuerza en mitad del patio del liceo Saint-Louis y en presencia de todos los compañeros, que contemplaban el espectáculo riendo a carcajadas. Pero Bergère no hizo ninguna tentativa por volver a verlo, ni dio señales de vida. -Sólo quería eso de mí-, pensó Lucien vejado. Berliac había desaparecido también y Guigard, que a veces iba con él los domingos a las carreras, afirmaba que se había ido de París tras una crisis de depresión nerviosa. Lucien se tranquilizó poco a poco. Su viaje a Ruán le parecía ya únicamente un sueño oscuro y grotesco, no ligado a nada; había olvidado casi todos los detalles y sólo conservaba la impresión de un soso olor a carne y a agua de colonia y de un intolerable aburrimiento.

6:06 p. m.  
Blogger Álex Chico ha dicho...

Jajaja.
Oye, hace exactamente trece años, o casi, que no he vuelto a leer la novela, así que el fragmento me ha traído lejanos recuerdos. ¡Me acordaba!
Con todo, es un relato estupendo. No recuerdo con exactitud ciertas cosas, pero tengo claro por qué seguí leyéndolo: porque la historia, los personajes, sus percepciones acerca de la realidad, me cobijaron, me hicieron sentir algo menos extraño al mundo. Daban validez (literaria) a cosas que empezaba a sentir por aquel entonces. Dicho de otro modo: mi espera mereció la pena.
La continuación..., bueno, eso es mérito de los libritos de Alianza Cien: Joyce (Los muertos), Unamuno (San Manuel Bueno, mártir), Cortázar (El perseguidor), London (Por un bistec), Delibes (La mortaja),Highsmith (Cuentos misóginos), Poe (Los crímenes de la calle Morgue), Machado (Cantares), y otros como Arlt, Lovecraft, Stendhal, Martín Gaite, etc. Curiosa relación de autores, ¿no?
Una abraçada, March. Y grazie mile por el fragmento.

9:08 p. m.  
Anonymous leticia ha dicho...

Nunca es demasiado tarde. Las sensaciones no serán las mismas, pero rellenará un huequecito que desde la infancia sólo ha sido albergue de telarañas con ganas de fantasía. No, el matiz no será el mismo, de igual modo que releer un libro diez años después de la primera vez no sabe igual.
Yo recuerdo entre mis primeras lecturas las Leyendas de Bécquer, y también recuerdo el miedo que pasé con ellas...

1:05 a. m.  
Blogger Álex Chico ha dicho...

Sí, en eso estoy de acuerdo, Leticia. Tan sólo hay un libro que consigue traspasarme siempre de la misma manera. Es El Principito. Su lectura es la misma que la de la primera vez. Por eso lo juzgo como una de las tres lecturas que han cambiado mi vida. Pero fuera de ella...
Abrazos.

11:48 a. m.  
Blogger Cateusk ha dicho...

Completamente de acuerdo con lo del "Petit Príncep".

5:42 p. m.  
Blogger Álex Chico ha dicho...

Creo que fue un profe de Salamanca, González Iglesias, quien dijo que sus dos lecturas más importantes fueron la Biblia y el Principito (aunque exista una inoportuna versión en castúo que algunos juzgan ya un clásico de la literatura extremeña...)

8:22 p. m.  
Anonymous Jesús2 ha dicho...

Curiosamente, a mí me ha ocurrido lo contrario. De pequeño devoraba comics, libros de Guillermo, Los Hollister, Julio Verne...hasta tochos nada infantiles como "Norte y sur" y sus 995 páginas. Ahora, sin embargo, llevo años -literalmente- sin leer un solo libro completo, aunque estoy en proceso de retomarlo.

Yo lo que echo de menos es la capacidad de mi yo niño para embobarse con aquellas historias tan lejanas, y, por eso, tan fascinantes. Mi primer libro completo leído, que yo recuerde, "Los hijos del capitán Grant", de Verne. Estupendo.

3:47 a. m.  
Blogger Álex Chico ha dicho...

Hoy leí que ocho de cada diez niñós menores de trece años tiene hábito de lectura, un hábito que pierden cuando se hace mayores. Creo que, en tu caso, no es algo que hayas perdido, sino un bloqueo pasajero. Se nota cuando escribes. Hazme caso. Y tranquilo.

11:21 a. m.  

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