27.2.10

Precipicio

Ayer fui, por primera vez, a Portbou. A encontrarme, de lejos, con Walter Benjamin. Es uno de esos lugares que dejan huella: sobre el acantilado, las escaleras descendiendo por un corredor hasta el rompeolas. En el cementerio contiguo, la tumba, o lo que queda de ella, del escritor. Como la de Camus en Lourmarin o la de Brecht en Berlín. Fue a una fosa común por un error de nombre. Se pensó que el cuerpo era de un tal Benjamin Walter. Me pregunto qué hubiera pensado de ese equívoco. Si, al cabo, no sería una manera más de continuar esa dirección única.

1 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

Es un lugar muy interesante. Sobre todo, cuando sopla la tramontana.

1:48 p. m.  

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